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La estructura política del Imperio Azteca

septiembre 29, 2008 Deja un comentario

Cuando hablamos de “imperio”, nos referimos generalmente a un buen puñado de naciones reunidas férreamente bajo un mismo trono, con un mismo ejército, y con una organización más o menos centralizada, o que pretende serlo al menos. Este modelo de imperio está basado, claro está, en el caso del Imperio Romano, con seguridad el más famoso de todos los imperios (además de ser el que le dio nombre de imperio a todos los demás). Por eso, la estructura interna del mal llamado “Imperio Azteca” es, cuando menos, curiosa. e entrada, el Imperio Azteca era cualquier cosa, menos centralizado. Esto se entiende mejor si se considera que los aztecas no eran sino una tribu más de las varias chichimecas que pasaron desde algún punto en los actuales Estados Unidos, hasta el Valle de México. Las tribus chichimecas nunca abandonaron del todo su vieja organización tribal, hasta el punto que las políticas públicas se confundían con el patrimonio y los asuntos privados de la familia real; la monarquía era, por cierto, electiva, rasgo éste reminiscente de organizaciones tribales en las que el líder no sólo debe tener derecho al trono, sino imponerse en él.

Durante mucho tiempo, las tribus aztecas vivieron sometidas al poder de la tribu de los tepanecas, que se habían hecho fuertes en Azcapotzalco, y para quienes trabajaron durante mucho tiempo como mercenarios. Sin embargo, cuando consiguieron rebelarse y doblegar a Azcapotzalco en 1428, fueron tres ciudades las que tomaron el control: Tenochtitlán, Texcoco y Tlacopán. Esta es la génesis de la llamada Triple Alianza. Porque en verdad el Imperio Azteca no era un imperio, sino una confederación. Y el control que Tenochtitlán, la gran capital azteca, ejercía sobre otros territorios, no era administrativo ni militar: en muchos casos, después de conquistar las ciudades, en vez de someterlas a gobierno directo reinstalaban a los reyes que ellos mismos derrocaban, a cambio de que éstos en adelante fueran sumisos y pagaran un tributo anual a Tenochtitlán. Y ésa es toda la magnífica organización imperial azteca.

A lo largo del tiempo, Tenochtitlán fue prosperando sobre sus dos congéneres. En 1502 se produjo un cambio radical, cuando en vez de elegirse como tatloani a un jefe militar, fue elegido un sacerdote: Moctezuma II. ¿Habría devenido este proceso en una reorganización administrativa? ¿Habría llegado con él, el Imperio Azteca, a ser de verdad una organización imperial centralizada como las de toda la vida? Eso jamás lo sabremos. En 1519, Moctezuma II recibió la visita de un puñado de conquistadores españoles que a sangre y fuego (y pólvora) se impusieron sobre los aztecas, y anexaron su federación al más vasto Imperio Español. Mesoamérica recibió entonces una organización imperial en forma, pero ésta vino de manos extranjeras, españolas, y no de parte de los propios aztecas.

Vía: Siglos curiosos

“Matemáticas a la azteca”

Aquí os dejo un artículo publicado en el periódico español “El País” sobre un descubrimiento revelador en las matemáticas aztecas, y que nos demuestra el eurocentrismo que existe aún en el estudio de la Historia, cosa que afortunadamente va cambiando. Muy interesante…

El mapa Oztoticpac de propiedades aztecas, de 1540

El mapa Oztoticpac de propiedades aztecas, de 1540

Cinco manos de ancho por cuatro flechas de largo

Los aztecas usaban pictogramas para calcular superficies

Mónica Salomone- Madrid- 04/04/2008

En el imperio azteca que encontró Hernán Cortés en el siglo XVI se usaba una aritmética más compleja de lo que se creía hasta ahora, según explican en la revista Science dos investigadoras que han estudiado con profundidad dos códices con pictogramas nativos del año 1540. Los códices vienen a ser libros de registro de propiedades y tributos de pequeños pueblos en una región del reino Acolhua de Texcoco. Las autoras demuestran que las superficies registradas eran el resultado de un método indígena de cálculo, que creen haber desvelado.

Los documentos utilizados, llamados Códice María Asunción y Códice Vergara, contienen 2.000 dibujos que representan propiedades agrarias. Ninguno de los dos había recibido mucha atención hasta que en 1980 un antropólogo y la geógrafa estadounidense Bárbara Williams demostraron que las descripciones de las propiedades aztecas incluían el concepto de área, así como medidas de longitud. En 2000, la matemática María del Carmen Jorge y Jorge, de la Universidad Nacional Autónoma de México, empezó a colaborar con Williams y ambas se adentraron en los secretos matemáticos de los códices.

Las autoras sospechaban que en el cálculo de superficies los aztecas debieron de usar un tipo de aritmética desconocida y han logrado demostrar ahora que ésta se basaba en establecer proporciones entre dos tipos de unidades de medida, una de ellas descubierta por las propias investigadoras. Se habían hecho “muchos trabajos relacionados con la arqueología y con las unidades de medida de todos tipos, sin embargo, la propuesta de estas unidades de medida que llamamos mónadas, que son menores que la unidad de longitud, es novedosa”, explica Jorge y Jorge. “El uso de mónadas en los cálculos de áreas implica un mayor grado de desarrollo de pensamiento matemático y, tal vez, un deseo de medir con mayor exactitud”.

Esta especie de fracciones indígenas era similar a la forma moderna de pasar de minutos a horas, por ejemplo. Los símbolos de esta aritmética azteca incluían corazones, flechas y manos. El actual trabajo sugiere valores para algunas de las mónadas más usadas: la mano medía 1,5 metros; la flecha, 1,25 metros, y el corazón, un metro. Más problemáticos son el brazo, que podría haber medido 0,83 metros, y el hueso, 0,5 metros.

Una de las claves del éxito de esta investigación, señala Jorge y Jorge, es que se ha realizado “desde dentro de su cultura sin utilizar la cultura personal del investigador”. Ellas consideran muy improbable que la delimitación de área se hiciera físicamente sobre el terreno, dadas las grandes extensiones y el relieve del terreno. Los cálculos por tanto se hacían sobre el papel, y usaban la multiplicación, la suma y las divisiones. Además, los aztecas redondeaban.

Según el matemático Antonio Durán, de la Universidad de Sevilla, este tipo de trabajo se inscribe en el auge general que vive la etnomatemática, un área que revisa el conocimiento matemático de antiguas culturas.