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La literatura en la formación de las leyendas del Nuevo Mundo

Desde el nacimiento de la humanidad, el ser humano ha sido un eterno buscador de quimeras y verdades. En su recorrido hacia el descubrimiento de lo imposible lo llevaba al encuentro de nuevas incógnitas, y al no tener una explicación plausible para explicar la nueva realidad a la que se enfrentaba, surgieron los mitos. Tras el descubrimiento por parte de Cristóbal Colón del Nuevo Mundo un 12 de octubre de 1492, el continente americano se abría como una flor carnívora a todo tipo de especulaciones con las que los conquistadores y exploradores del Viejo Mundo intentaron encontrar una explicación a la realidad tan sorprendente y tan alejada de los cánones occidentales. Y de este modo surgieron las leyendas novomundinas: El Dorado, el Paititi o los moxos, las amazonas, la Ciudad de los Césares, las siete ciudades de Cíbola y así un largo etcétera. Para todo ello, los conquistadores echaron mano del bagaje cultural que las había acompañado desde su país de origen: los mitos bíblicos y grecorromanos, los confusos concimientos sobre el Lejano Oriente y entre esta miríada de influencias los obras literarias, y más concretamente las novelas de caballerías y de naufragios.
Ilustración del libro El Nuevo y desconocido mundo: o Descripción de América y del Sur  (Amsterdam, 1671)

Expresiva ilustración del libro El Nuevo y desconocido mundo: o Descripción de América y del Sur (Amsterdam, 1671)

El cronista Bernal Díaz del Castillo narra que Hernán Cortés, cuando se avistaron las costas méxicas, profirió: <<Dénos Dios ventura en armas, como al paladín Roldán,…>> haciendo referencia a Roldán, comandante de los francos al servicio de Carlomagno muerto en la Batalla de Roncesvalles, y cuya gesta quedó recogida en La Chanson de Roland. Asimismo el medinense relata en la Historia verdadera de la conquista de Nueva España el asombro que le produce la visión de las poblaciones edificadas sobre el agua, a lo que exclamó: <<parecía a las cosas y encantamientos que cuentan en el libro de Amadís>>, aludiendo al libro de caballerías Amadís de Gaula. Las novelas de caballerías y de naufragios fueron los best-sellers en todo el siglo XVI, por lo que no resultara extraño que los conquistadores se llevaran copias de obras de caballería en la talega.

Periódico sobre el país que los españoles encontraron en 1521, llamado Yucatán (Augsburgo, 1522)

Grabado sobre Tenochtitlán en Periódico sobre el país que los españoles encontraron en 1521, llamado Yucatán (Augsburgo, 1522)

La influencia de dichas obras de manifiesta poniendo los dos ejemplos más evidentes en el nombre dado a California, como testimonio de un pasaje de Las sergas de Esplandián, o en el dado a los integrantes del pueblo Tehuelche, nombrados patagones por recordar a una descripción hecha en la obra Palmerín de Inglaterra. Pero la influencia no solo fue en un sentido, sino que fue reciproca, por lo que es frecuente encontrar menciones a las leyendas americanas en las obras del Siglo de Oro español.

Portada del libro "Las Sergas de Esplandián", libro de caballería donde por primera vez se menciona el nombre de California.

Portada del libro "Las Sergas de Esplandián", libro de caballería donde por primera vez se menciona el nombre de California.

El escritor de ascendencia judeoconversa y regidor de la localidad vallisoletana de Medina del Campo, Garci Rodríguez de Montalvo escribió en 1510 una novela de caballerías llamada Las sergas de Esplandián que fue muy popular en su época e incluso aparece citada en El Quijote. En ella se menciona una isla de fantasía llamada exactamente California y gobernada por una reina llamada Calafia. Desde entonces, esa desconocida e inabordable Isla de las Amazonas pasaría a llamarse California, con lo que es factible que ésta fuera la fuente del nombre, dada la cercanía de la publicación de la novela y su popularidad con el descubrimiento de la península de California y la primera creencia de que ésta era una isla. <<Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el oro. >>

Patagones o tewelches (Grabado de G. Gallina ,1833)

Patagones o tewelches (Grabado de G. Gallina ,1833)

Por otra parte, en la novela de caballería Palmerín de Inglaterra, escrita por el portugués Francisco de Moraes a principios del siglo XVI, uno de los personajes de la serie era un monstruo llamado Patagón <<…muy inteligente y gran amante de mujeres>>, ser este con figura de perro, grandes orejas, dientes descomunales y pies de ciervo. Siete años después de su publicación, en plena circunnavegación al mundo por parte del portugués Magallanes, sus integrantes llamaron a los habitantes de las regiones antárticas de América patagones ya que su aspecto se asemejaba al plasmado en el Palmerín. El apelativo con que bautizaron a estos seres dependió por tanto de una ilusión literaria más que por el descomunal tamaño de sus deformados pies.

Bibliografía:

Armas F., Julio, Jirones de un sueño (Los mitos de la conquista de la Indias), Editorial Belacqua (Grupo Norma S.A.), Barcelona, 2003.

Bernabéu Albert, Salvador, Expediciones marítimas españolas. La aventura de lo imposible, Lunwerg editores, 2000.

González Ochoa, José Mª, Atlas histórico de la América del Descubrimiento, Acento Editorial, Madrid, 2004.

Kupchik, Christian, La leyenda de El Dorado y otros mitos del descubrimiento de América (La autentica historia de la búsqueda de riquezas y reino fabulosos en el Nuevo Mundo), Nowtilus, Pamplona, 2008.

Mañueco, Tello, “La epopeya americana”, Muy Historia, Nº 16.

Sánchez Sorondo, Gabriel, Historia oculta de la conquista de América, Nowtilus, Madrid, 2009.

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El apóstol Santo Tomás en América

El mar de los Sargazos

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  1. Gustavo
    mayo 25, 2009 en 3:55 pm

    Les escribo para decirles que su informacion esta muy buen y que realmente me encanto encontrar una pagina asi de buena y que me de ganas de leer la informacion que contiene y de repente veo que no puedo leer todo porque el marco del lateral izquierdo no me permite leer la informacion sin interpretaciones erronea. agradezco y espero que mi comunicacion les ayude.
    Saludos

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