¿Dónde surgió el restaurante “autoservicio”?

noviembre 15, 2009 Deja un comentario

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La idea proviene del self-service estadounidense. Al parecer, su impulsor fue Fred Harvey, un comisionista que a finales del S. XIX trabajaba en la línea férrea Chicago- Burlington- Quicy. No obstante, los primeros restaurtantes autoservicio se inaguraron en las estaciones de la línea Archinson-Topeka-Santa Fe, sobre todo 1876, con la idea de ofrecer a los viajeros un servicio de comidas rápido, cómodo y, sobre todo, barato. Tenían el aspecto de un café con algunas modificaciones para facilitar que el consumidor se sirviese; de ahí que en algunos países adoptaran el término “cafetería”. Hay quien asegura que Fred Harvey se inspiró en los “vehículos de restauración”, que, tirados por caballos, vendían pollo frío, huevos duros y bocadillos a los viandantes en las calles de Rhode Island.

La Sierra de la Plata y el Rey Blanco

noviembre 15, 2009 Deja un comentario

(Vía: Desventuras de la Historia)

Los guaraníes de la costa brasileña contaban que muy al occidente estaba la riquísima tierra de los caracaraes, dominio del Rey Blanco, en donde había una gran sierra de plata (no rica en plata sino maciza) ríos de oro y maravillas indecibles. Entrando por el Río de la Plata se podían cargar los barcos con metales preciosos, aún lo más grandes. Los súbditos del Rey Blanco llevaban coronas de plata en la cabeza y planchas de oro colgadas al cuello.

Muchos exploradores españoles fueron deslumbrados por las constantes noticias que daban los indios sobre la Sierra de la Plata y del imperio grandioso que se hallaba hacia el occidente ignoto, custodiado por un gran dragón invencible. A este dragón bien lo podría representar la impenetrable selva del gran Chaco, y como veremos mas adelante fue finalmente vencido.

Su origen

Los incas irradiaron esplendor y riqueza por toda América del Sur; en tiempos anteriores a la conquista española.

Los guaraníes realizaron grandes emigraciones hacia las tierras incaicas del Perú con ánimo de conquista, pero fueron expulsados. Algunos, en su regreso, se establecieron en el gran Chaco y en las tierras paraguayas. Ya en las costas del Brasil, se encargaron de divulgar la fama de la Sierra de la Plata, de las ricas minas de Charcas. La noticia era cierta, pero deformada por el reflejo incaico, y mal calculada en su distancia del cerro Saigpurum, luego descubierto y llamado Potosí por los españoles.

Primera búsqueda

Corría el año 1516, y tres naves volvían a España por el río Paraná Guazú tras haber descubierto este inmenso río al que Juan Díaz de Solís llamó Mar Dulce. Los huesos del gran Capitán quedaron junto con los de varios compañeros en esas playas, luego de una matanza seguida de un ritual antropofágico de la cual sólo se salvó, de todo el grupo de desembarco, el grumete Francisco del Puerto. Luego, la pequeña flota pasó, sin su Almirante, junto a la isla Yurúminrín que más tarde Sebastian Caboto bautizaría con el nombre de Santa Catalina, en la costa del Brasil. Una de las carabelas, retrasada, naufragó en el Puerto de los Patos, la costa frente a la isla; quedaron ahí abandona-dos dieciocho tripulantes.

Estos náufragos se enteraron de la historia de la Sierra de la Plata. Uno de ellos, Alejo García, decidió realizar una expedición en su busca. Hay que aclarar que estos españoles eran náufragos en tierra indígena, y que estaban a casi dos mil kilómetros de Potosí. El audaz Alejo García, con cuatro de sus compañeros, logró alistar a varios cien-tos de guaraníes, algo que no le costó mucho, ya que éstos realizaban migraciones cada determinada cantidad de años hacia esa zona. La expedición cruzó las extensas selvas brasileñas y logró llegar a las sierras de Potosí, la ansiada Sierra de la Plata. Corrieron muchos peligros y guerrearon contra numerosos indígenas a su paso. Cuando García volvía de esta arriesgada expedición, cargado de oro y de plata, fue atacado y muerto por indígenas, y su expedición deshecha. Sólo algunos guaraníes y un hijo (americano) de García lograron regresar al Puerto de los Patos, donde estaban los demás náufragos a quienes les contaron las maravillosas historias sobre las inmensas riquezas y la muerte de sus compatriotas, que luego recorrerían la costa brasileña. Se cree que esta expedición ocurrió no mucho antes de la llegada de Caboto al Río de la Plata, hacia 1525.

La codicia

Las noticias de la Sierra de la Plata corrían por toda la costa del Brasil, desde Pernambuco hasta el Río de la Plata, el cual obtiene su nombre por ser la vía más rápida hacia la famosa sierra, y no porque hubiera plata en sus costas. Estas noticias habían llegado a España en las naves de Solís; del portugués Cristóbal Jacques, que se encontró con el grumete Francisco del Puerto (sobreviviente de la matanza de Solís) en el Río de la Plata; de Rodrigo de Acuña; y de aquel castellano que en 1521 habló con nueve náufragos de Santa Catalina y subió por el Río de la Plata un buen trecho. Estas buenas nuevas y los rumores sobre el imperio incaico se habían extendido por la costa brasileña hasta la boca del inmenso río de Solís. Y habían llegado hasta España “clavándose como una obsesión en la mente de Sebastián Caboto”.

Caboto firma con el rey de España una capitulación para ir a las islas Molucas (en el sudeste asiático). Llegó a la costa del Brasil el 3 de junio de 1526; fondeó en Pernambuco, una factoría portuguesa. Durante su larga estancia allí, Caboto decidió, si no lo había hecho en España, explorar el río descubierto por Solís. Había obtenido bastante información sobre la existencia de grandes cantidades de metales preciosos.  Anoticiado de la existencia de los náufragos de Solís, los recoge en su camino al Río de la Plata. Sólo quedaban dos, Enrique Montes y Melchor Ramírez, los cuales exageraron sobremanera las riquezas que existían en la zona del Plata.

¿Un río con plata?

En el Río de la Plata sólo encontraron hambre y desastres. Con las mismas “riquezas” se encontró Diego García de Moguer (ex-integrante de la expedición de Solís), quien al igual que Caboto, había conseguido la capitulación para ir a las Molucas, y la violaba igual que aquel, para explorar el Río de la Plata atraído por las riquezas de la famosa sierra. Caboto y García regresaron a España sin poder encontrar nada, sólo llevaron consigo más leyendas que atraerían a más españoles al Río de la Plata.

Todas las noticias que llegaban del Perú y de la todavía esquiva Sierra de la Plata, prepararon la armada de don Pedro de Mendoza, la cual se hizo a la vela con más de dos mil hombres para defender la Raya de Tordesillas contra los avances de los portugueses, que por el Brasil pretendían alcanzar las minas peruanas.

El final de la leyenda

Mucho fue el hambre que se pasó luego de la fundación de Buenos Aires en 1536, como veremos más adelante. Juan de Ayolas, decidido a llegar a la Sierra de la Plata, se lanzó aguas arriba del Paraná. Poco más tarde salió Juan de Salazar de Espinoza llevando una ayuda que no pudo llegar a tiempo.

Desde el alto Paraguay, Ayolas cruzó el Chaco, dejando en un puerto a Martínez de Irala con treinta y tres hombres. Luego de muchos contratiempos llegó a las minas de Charcas y, al igual que Alejo García años antes, cargó todo el oro y plata que pudo. Sus hombres estaban muy debilitados y eran pocos; esto decidió a los indígenas que los acompañaban a sublevarse y matarlos a palos estando muy cerca de la meta, como revelarían algunos “indios amigos”.

Mientras Salazar fundaba la actual Asunción del Paraguay, Irala llegaba hasta las mismas puertas del Perú, descubría que hacía tiempo que otros españoles dominaban esas tierras. El mito de la Sierra de la Plata se diluía en el olvido.

Para saber más:

Domínguez, Manuel. El alma de la raza.

Fernández de Castillejo, Federico. La ilusión de la conquista. Atalaya. Buenos Aires, 1945.

Fitte, Ernesto J. Hambre y desnudeces en la conquista del Río de la Plata. Academia Nacional de la Historia. Buenos Aires, 1980.

Gandía, Enrique de. Historia crítica de los mitos de la conquista de América.

Rubio, Julián María. Exploración y conquista del Río de la Plata : siglos XVI y XVII. Salvat, 1953.

Los espías de Los Andes, durante la campaña de San Martín

noviembre 13, 2009 1 comentario

La campaña de los Andes que estaba preparando San Martín en 1816 no se podía planear sobre la base de ideas, había que manejarse sobre terreno seguro. Por eso mismo San Martín contó con los profesionales del secreto, a fin de rastrear pasos desconocidos en la cordillera que le permitieran una marcha tranquila en su cruce de los Andes. No solamente esto, sino que los espías le permitieron saber las claves militares del enemigo, guardias y hasta el estado psicológico de los pueblos a los que iba a liberar.

El propio gobierno de Buenos Aires le recomendó a San Martín la utilización de espías. El Director supremo Ignacio Álvarez Thomas le decía a San Martín el 10 de mayo de 1815, que “en acuerdo de esta fecha he resuelto que los oficiales D. Diego Guzmán y D. Ramón Picarte pasen al Estado de Chile con el importante fin de promover en él la insurrección contra el gobierno español, y que informen a usted de cuantas noticias crean interesantes…”.

Este Diego Guzmán, bajo el seudónimo de Víctor Gutiérrez, fue uno de los mejores agentes de San Martín en Chile y logró enviar al Libertador una lista muy completa de la tropa, armamento y disciplina del enemigo. También le pasaba los nombres de los oficiales enemigos de mayor influencia, y el panorama general de Chile, en cuanto a organización política.

Como no había muchos agentes capacitados, San Martín adopto dos sistemas clásicos de inteligencia: el celular y el radial. Con el sistema celular podía encarar operaciones en áreas grandes y flexibles, se utilizaba para buscar información sobre el ejército hispano. El segundo sistema sólo lo aplicaba para misiones muy especiales en lugares distantes o de difícil acceso.

Un ejemplo del sistema radial son las operaciones de Juan Pablo Ramírez, alias Antonio Astete; que informó a San Martín sobre varios detalles de sumo interés sobre el terreno donde se llevaría a cabo la batalla de Chacabuco.

El sistema celular o de células fue el más usado y consistía en centros de espionaje divididos en células, las cuales se situaban en las casas de patriotas chilenos que tenían la confianza de los españoles. En ciudades como Santiago, Coquimbo, Concepción, Talca y Curicó.

¿Quiénes eran?

Los agentes eran por lo general emigrados chilenos, muchos de los cuales pertenecían a familias de clase alta, y eran voluntarios en estos trabajos. Esto facilitaba la infiltración.

Grandes espías fueron Manuel Rodríguez, alias El Español o Alemán; Antonio Merino, alias El Americano; Jorge Palacios, alias El Alfajor; y muchos más. Estos no tuvieron un lugar en los manuales de historia, pero gracias a ellos se llevó a cabo el gran cruce de los Andes con todo éxito.

Manuel Rodríguez fue tal vez el mejor de los espías de San Martín; era abogado. En su desempeño como espía se encargó de enviar informes sobre la formación y actividad de los ejércitos hispanos, organizaba células de espionaje y subversión. Su cabeza tenía precio, y bastante alto. Participó en la batalla de Maipú; murió asesinado por un oficial español el 26 de mayo de 1818.

Otro de los grandes agentes de San Martín fue Domingo Pérez, el cual se encargaba, bajo la cobertura de un hombre de negocios que viajaba entre Chile y Mendoza, de los enlaces entre el mando de San Martín y las células infiltradas en territorio enemigo.

El engaño

No sólo se organizaban redes de espionaje con el fin de conseguir información, sino que también se engañaba al enemigo, mediante señales e informaciones falsas. La intriga política.

Un ejemplo curioso de la intriga política, es el del Dr. Antonio Garfias. Éste, que era un agente prorealista, El 23 de enero de 1816 se fuga de Buenos Aires. El gobierno se enteró de que se dirigía a Chile. Los conocimientos que tenía Garfias sobre el estado de las Provincias Unidas del Plata era muy bueno, así que por eso el gobierno temió su divulgación. Por carta se dan instrucciones a San Martín de que desprestigie a Garfias en Chile mediante sus agentes. “Haga usted esparcir la voz -dice el comunicado- por medio de sus agentes en Chile, de que este individuo lleva comisión reservada de este gobierno y oportunamente remita V. S. al mismo algunas cartas con instrucciones aparentes, a fin de que caigan en manos de Osorio (el enemigo). Garfias arrojará contra sí la presunción de ser americano y esta circunstancia puede favorecer el proyecto…”. No necesito aclarar qué pasó con el pobre Garfias.

San Martín también enviaba correspondencia falsa sobre sus propias informaciones. Esto se hacía enviando correos, bajo la estricta orden de no resistirse ante el enemigo, con planes falsos de invasión. De esta forma Marcó del Pont, jefe español en Chile, dudó del lugar desde donde iba a llegar la invasión del Ejército de los Andes, ya que muchos correos capturados marcaban la parte sur de la cordillera como la mejor para el cruce.

San Martín también utilizaba a los indígenas para su campaña de informaciones falsas, ya que éstos estaban en contacto con los españoles y eran incapaces de mantener un secreto. Se les contaba detalles de los planes sabiendo que en pocos días estarían a oídos de Marcó del Pont.

Dobles agentes y contraespionaje

También estaban los famosos agentes dobles. Eran espías españoles que respondían al mando del sacerdote hispano Francisco López, que era espía de Marcó del Pont. Pero San Martín, cuidadosamente, los había dado vuelta, y les mandaba escribir informes que él mismo redactaba. De esta forma Marcó del Pont recibía cartas falsas a través de sus propios agentes.

La seguridad y el contraespionaje estaban bien cuidados por San Martín. Tenía todos los pasos a Chile vigilados, y nadie entrar en Chile sin tener un salvoconducto firmado por él. Logró detener y ubicar a muchos espías enemigos de esta forma, entre ellos al célebre padre López.

Un caso de contraespionaje lo tenemos en Miguel Castro, un sospechoso detenido en un puesto avanzado de la cordillera. Castro se hacia pasar por minero, pero al no poder justificar esa profesión, se lo mandó a Buenos Aires. Allí fue interrogado y se constató que no era ningún minero. Los espías eran casi todos voluntarios ad honorem, eran muy pocos los mercenarios que lo hacían por dinero, la gran mayoría lo hacía por puro patriotismo. De todos modos San Martín les mandaba dinero para comprar soplones y para gastos. No se sabe si utilizaban códigos, claves, cifrados o alguna otra forma de disimular el mensaje, pero no sería extraño que lo hicieran. Los españoles lo hacían utilizaban un sistema simple que consistía en remplazar las letras por números, separando las palabras con comas, y poniendo puntos en cualquier lado solo para despistar.

La correspondencia se llevaba por medio de caballos y mulas, pero también existen pruebas de que utilizaban palomas mensajeras: “…vuestra correspondencia ha de continuar si no por esa vía será por los aires…” dice el agente Segovia en una carta enviada a San Martín.

Los españoles también tenían espías, y los utilizaban con abundancia. En 1814 Belgrano identificó a uno, un tal Ramón quien se había hecho pasar por enfermo y había conseguido un pasaporte firmado por el mismo creador de la bandera. San Martín arrestó también a varios espías españoles.

Gracias a todos estos héroes anónimos se evitaron muertes innecesarias, campañas fracasadas y el predominio del poder español en estas latitudes.

Para saber más:

Alonzo Piñeiro, Armando. La historia argentina que muchos argentinos no conocen. Buenos Aires. Depalma, 1992.

Cañás, Jaime. “Los espías de San Martín”. En: Todo es Historia. Buenos Aires, N° 16, agosto de 1968.

Vía: Desventuras de la Historia

Curiosidades históricas de la Independencia de México

Vía: Caledoscopio histórico: formas y colores de la historia

Estamos a un año de los festejos del Bicentenario de la Independencia y entre quejas, impuestos y batallas politicas, año tras año México se llena de ciudadanos que se reconocen como tales en esta fecha tan especial.

La guerra de Independencia ha sido un tema tan fascinante que a pesar de que se han creado miles de libros en torno a ella aun puede argumentarse que no todo está dicho pues aun hay datos y sorpresas que se descubren en la investigación histórica.

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A 199 años del Grito de Dolores, que marca el inicio del acontecimiento histórico, aún hay algunos episodios poco transitados —otros han sido olvidados y otros omitidos— por la historia oficial y que, algunos, darán de que hablar en el marco de los 200 años del México independiente.

Asómate a este paseo por el lado oscuro de la Independencia.

El padre de la patria

Sus principales virtudes como organizador de masas no eran militares, sino parte de su carácter: su simpatía y su inteligencia.La personalidad del cura Miguel Hidalgo y Costilla era arrasadora, sostienen sus biógrafos. La madrugada del 16 de septiembre de 1810, el cura congregó a unos 600 hombres en Dolores y se convirtió para la historia en el “Padre de la Patria”.
hidalgoPinturasSPero este sacerdote nacido en 1753, en Pénjamo, y luego jefe del Ejército Insurgente, no se estrenaba en la paternidad. Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte, nombre completo del insurgente, procreó cinco hijos: Mariano Lino, María Josefa, Micaela, Agustina y Joaquín, a quiénes reconoció.El hecho, aunque prohibido por el Derecho Canónico, podría ser socialmente aceptado en esa época. En 1985, al cumplirse 175 años de la Independencia, el Gobierno de Guanajuato reconoció a los hermanos Rodrigo, Enedina, Mercedes, María, María Dolores, Germán, María Esther, Víctor y Esperanza Vázquez Mendoza como la quinta generación de descendientes directos del “Padre de la Patria”. Hoy sobreviven tres: Mercedes, María Esther y Esperanza.
¡Viva Fernando VII? … ¿EL REY DE ESPAÑA?fernandovii

El Grito de Dolores es considerado el punto de arranque de la Independencia de México del dominio español y cada 15 de septiembre se escucha en todo el País. Sin embargo, el grito en su versión original poco tiene que ver con el actual –más nacionalista- y mucho tiene que ver con loas al entonces Rey de España: “¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Abajo el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!”, gritó Hidalgo a proclamar la insurrección, que sería apagada pocos meses después.

¿Por qué gritó a favor de una monarquía de la que quería independizarse? Los historiadores consideran que era su manera de manifestar su descontento con la invasión napoleónica en España, que había iniciado en 1808.

Fiesta y grito por decreto

El origen de los festejos del Grito de Dolores el 15 de septiembre y no el 16, día en que ocurrió realmente, se remonta a la dictadura de Porfirio Díaz. El oaxaqueño, también conocido como el “Llorón de Icamole”, nació el 15 de septiembre de 1830, y decidió juntar los festejos. En 1896, ya en pleno porfiriato, mandó trasladar la Campana de Dolores a Palacio Nacional y decretó que la Independencia coincidiera con su cumpleaños. Aunque antes de que Díaz adelantara el Grito de Independencia era frecuente ver verbenas populares desde el 15, después de la caída del porfiriato por la Revolución Mexicana, se mantuvo la celebración.

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Un sepulcro para el heroe

Fray Servando Teresa de Mier fue uno de los ideólogos de la Independencia, arengó contra la dominación española en cualquier tribuna y combatió a las tropas realistas sin descanso, pero a pesar de que murió en Palacio Nacional, los restos de Fray Servando Teresa de Mier no han encontrado la paz de los sepulcros.

Fallecido en 1827, Padre Mier fue enterrado con honores en la Parroquia de Santo Domingo, de la Ciudad de México. Pero en 1861, al término de la Guerra de Reforma, el templo fue demolido. La momia de Padre Mier, junto con otras 12, fue exhumada y exhibida como un cuerpo víctima de la Inquisición.

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Unos dicen que la momia del “Primer Regiomontano Universal” fue vendida a un aventurero que la llevó a Buenos Aires, otros a Europa, lo cierto es que hasta ahora se desconoce su paradero.

Su historia, de fugas y extravíos, ha inspirado a muchos escritores como el cubano Reinaldo Arenas quien la noveló en “El Mundo Alucinante”.

Y el reconocimiento 15 años despues…

Aunque en México la Independencia se consumó en 1821, al otro lado del Atlántico, el País no adquirió su soberanía como Estado hasta 15 años después.

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Y es que España no reconoció la Independencia hasta 1836, e incluso en varias ocasiones intentó recuperar sus antiguos dominios. En 1829, la ofensiva española, a sangre y fuego se jugó su carta más arriesgada cuando lanzó 4 mil hombres a bordo de 19 embarcaciones a la costa cerca de Tampico.Pero las tropas monarquistas fueron derrotadas por un militar que luego llegaría a ser Presidente y perdería territorio mexicano ante otra potencia. Su nombre: Antonio López de Santa Anna.En 1836, la reina María Cristina, viuda de Fernando VII, en representación de su hija Isabel II, reconoció la independencia de México y renunció a sus bienes en el País.

Un olvidado precursor

Inspirado por las ideas de libertad y antimonárquicas de la Ilustración francesa, un grupo de conspiradores encabezados por un diácono, nativo de Sayula, llamado Juan Antonio Montenegro, fue denunciado al Santo Oficio el 4 de octubre de 1793.Aunque en esos momentos no prosperó su proceso, casi un año más tarde, Montenegro fue llevado ante la Inquisición. Se le acusaba de tener un plan de buscar la Independencia de la corona española y difundir ideas antimonárquicas.
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Ese año, obtuvo la borla de doctor en Teología en la Real y Literaria Universidad de Guadalajara. Pasó un año en prisión, abjuró de lo dicho y luego fue confinado al colegio de la Santa Cruz en Querétaro y en la Ciudad de México.

Murio en 1833, aunque otros biógrafos dicen que fue en 1834 y otros que en 1837.

El terremoto de 1822

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Debido a su ubicación sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, Chile es considerado, junto con Japón, como uno de los países más activos sísmicamente en todo el mundo. Los terremotos y erupciones volcánicas son, por tanto, un ingrediente autóctono de la historia chilena. Entre estos eventos, uno de los más importantes fue el terremoto de 1822.

En dicho 1822, hubo un intenso terremoto en Copiapó. Sin embargo, al ubicarse este asentamiento casi en el borde de lo que en ese tiempo se llamaba el “Despoblado de Atacama”, tuvo pocos efectos sociales. Un par de semanas después, vino otro aún mayor, y éste sí que se ubicó más próximo a la Zona Central. El 19 de Noviembre de 1822, en Valparaíso, hubo un día extraño, con gran marejada, pero sin viento. A las diez de la noche surgió un enorme ruido de la tierra, y ésta se movió. Este primer movimiento fue suave, y muchos pudieron salir de sus casas y ponerse a salvo, y esto en buena hora, porque vino un segundo movimiento, y con éste se desplomaron de golpe todas las iglesias de Valparaíso. El cronista Longueville Vowell (citado por Leopoldo Castedo) escribe: “El ruido que acompañó al temblor fue espantoso. En vez del ruido normal de los temblores, semejaba descarga de truenos subterráneos, o el de torrentes que arrastran piedras de gran tamaño. Parecía que gruesas capas de granito se removían en las entrañas de los cerros”. El terremoto duró tres minutos, y en ellos el mar se retiró y regresó tres veces, con olas de hasta cuatro metros. Los escasos muros que resistieron, se desplomaron durante la noche siguiente, en medio de las 36 réplicas posteriores registradas. Por otra parte, en Quintero, el terremoto fue acompañado de una marejada que inutilizó al puerto durante una buena cantidad de años.

Los rateros emprendieron el saqueo, pero después, buscando en los escombros, encontraron a muchos de ellos “aplastados por las murallas con los objetos robados en la mano” (escribe Leopoldo Castedo).

Pero lo que terminó de crear espanto, fue el paso de un meteoro o estrella fugaz. La desesperación popular llevó a la gente a volcarse en la religión, a despecho de la evidencia de que las iglesias estaban tan en el suelo como las casas particulares. Salieron predicadores y religiosos a gritar que el terremoto había sido un castigo del cielo. Una monja “confesó” haber recibido una revelación, y predijo el fin del mundo para las once de la mañana del día siguiente. Los sacerdotes no perdieron tiempo en hacer propaganda contra el gobierno de Bernardo O’Higgins, reconocido masón que por aquellos años llevaba a cabo reformas profundamente lesivas para la Iglesia Católica, como por ejemplo la creación de un Cementerio General alternativo a los cementerios católicos. Por cierto, O’Higgins apenas salvó con vida, porque esa noche dormitaba justamente en el Palacio de Gobierno de Valparaíso, y tuvo que ser sacado casi a la rastra al tiempo que el edificio entero se desplomaba. Quizás, la renuncia de O’Higgins en Enero de 1823 fue acelerada por el ánimo popular predispuesto en su contra por la excitación que los religiosos hacían de las supersticiones de la gente. En forma paralela, dos frailes, don Camilo Henríquez (el de “La aurora de Chile”, el primer diario de Chile) y el dominico Tadeo Silva, se enfrentaron en un ácido debate a través de la prensa, ya que el primero trataba de contrarrestar el exceso de fervor popular con algunas ideas ilustradas, mientras que el otro defendió las ideas del Catolicismo más fanático, y llegó a acusar a Henríquez de impiedad por darle lugar a las ideas “modernas” y “científicas” de esos sucios revolucionarios franceses…

Por su parte, la impenitente viajera inglesa Mary Graham, que estaba de paso en Chile por aquellos días, dejó una estupenda crónica de los sucesos. Describe con toques pintorescos, pero también angustiantes, las carpas y ramadas, y pone no poco énfasis en el “poder desmoralizador y relajador de los aspectos sociales de las grandes calamidades”…

Vía: Siglos Curiosos

La chulería de un argentino

agosto 25, 2009 1 comentario
Juan Baigorri junto a su máquina de hacer llover

Juan Baigorri junto a su máquina de hacer llover

Muchos científicos siempre han arrastrado entre sus defectos un exceso de soberbia y una sobreestimación de su trabajo. Si a esto le unimos la chulería y egocentrismo que ostentan algunos argentinos, surge la historia del ingeniero Juan Baigorri Velar, nacido en la provincia de Entre Ríos en 1891.

Baigorri ideó una máquina que según explicaba medía el potencial eléctrico y las condiciones electromagnéticos de la tierra, haciendo llover donde quisiera. Sien embargo, afirmaciones tan rotundas y chulescas del entrerriano debieron tocar las narices al director del Servicio de Meteorología Nacional quien le tachó de mentiroso. Sin cortarse un pelo, el ingeniero anunció que el 2 de enero de 1939 llovería sobre Buenos Aires, además de regalar con un paraguas al incrédulo meteorólogo. Aquel día, todos los bonaerenses vieron caer una copiosa lluvia sobre su ciudad.

Para más información:

Canibalismo en América

Procedentes de la tradición europea, los caníbales aparecen en el continente americano ya desde una fecha tan temprana como el primer viaje de Cristóbal Colón, cuando éste afirma que los indios guerreros de las Antillas eran caníbales (súbditos del Gran Can), y con toda seguridad caribes, descendientes directos del pueblo de los calíbes situados en la región del Termodonte, quienes practicaban la antropofagia.

Grabado original de la obra de Hans Staden "Verdadera Historia y Descripción de un País de Salvajes Desnudos"

Grabado original de la obra de Hans Staden "Verdadera Historia y Descripción de un País de Salvajes Desnudos"

Se ha demostrado que los pacíficos caribeños no practicaron el canibalismo, situación contraria a la vivida entre los iroqueses de Norteamérica, Leer más…

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